Los acabados de las cuevas

El éxito de un complejo espeleológico artificial reside en la creación de una ilusión de profundidad, de descubrimiento y de lo desconocido.

Galerías

En una cueva artificial, el laberinto de galerías desorienta a los espeleólogos incluso en distancias cortas y les da la impresión de perderse en un momento.

Es posible entrar en diferentes túneles y galerías a lo largo del itinerario. Todas tienen un perfil diferente y su recorrido conlleva actividades y movimientos variados.

Salas

Entre los obstáculos o elementos de una cueva hay secciones con espacio suficiente para dos personas o más y para que los exploradores puedan darse la vuelta. Además, en la mayoría de las cuevas hay también una amplia sala central que representa al mismo tiempo el “objetivo” de la exploración de la cueva y el “centro” al que vuelven los visitantes tras explorar diferentes galerías. Allí podemos encontrar rocas, estalagmitas, estalactitas y muchas más sorpresas.

Elementos acuáticos y sifones

En una cueva se puede distinguir entre aguas corrientes y aguas estancadas. Las aguas estancadas pueden utilizarse para crear elementos como los sifones, que son pasos llenos de agua dentro de una galería. Para atravesarlos, solo hay que contener la respiración. Al añadir aguas corrientes, la experiencia de la espeleología toma un cariz diferente. Cuando hay agua dulce entrando en las galerías de la cueva, desplazarse a favor o en contra de la corriente se convierte en un verdadero desafío.

Estalactitas, estalagmitas, columnas y coladas estalagmíticas

Para crear cuevas artificiales realistas y estimulantes, es posible añadir todas las características propias de las cuevas de verdad. Estos acabados impactan a los visitantes y despiertan su interés y sus ganas de explorar.

Pinturas rupestres y fósiles

Para añadir sorpresas a las galerías y las salas de las cuevas, se pueden añadir pinturas rupestres y fósiles. Así se mantiene el interés de los exploradores, creando al mismo tiempo una experiencia educativa.